Vinos turbios: ¿Vinos de poca calidad, o leyenda urbana?

Entre los amantes del vino existen varios detalles a los cuales se les debe prestar atención tanto a la hora de elegir un vino como a la hora de servirlo. Algunos se centran en la presentación (se suele preferir corchos de verdad, marcados como “reserva” a menos que se vaya a consumir de inmediato,) otros en el almacenamiento (se suele guardar botellas con corcho acostadas) y otros más con las características visuales de la bebida. Quizás el más fuerte de los componentes visuales es la turbiedad, una característica que hace a muchos entusiastas temblar del miedo, o incluso de la ira. Pero, ¿es realmente el fin del mundo si un vino resulta turbio?

La turbiedad en el vino puede ocurrir por varias razones, y es más la causa de la turbiedad que la turbiedad en sí lo que debería guiarnos en estos casos, ya que un vino turbio puede igual ser exquisito. Algunas casas incluso venden vinos turbios bajo la modalidad de “no filtrados,” precisamente para el segmento del mercado que prefiere tomar sus vinos lo más cercano a la antigua posible. Sin embargo, otras posibles causas de turbiedad son menos deseables – por ejemplo, cuando un vino ha sido embotellado antes de terminar de fermentar, o cuando la turbiedad es causada por exceso de sedimentos.

Sin embargo, no todos los vinos turbios son malos. De hecho, existen incluso guías para servir vinos turbios, las cuales resaltan las posibles cualidades positivas de estos. Incluso entre internautas es común hallar reportes conflictivos con respecto a lo bueno o malo de los mismos, esto precisamente debido a las diferentes causas de turbiedad.

La verdad es que, si no se puede determinar qué causa la turbiedad en un vino, lo mejor que se puede hacer es olerlo o probarlo. Al final del día, importa más el sabor del vino que su color, y mientras el contenido se encuentre en buen estado el mismo se podrá disfrutar.

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