Hacer vino casero no es necesariamente difícil, aunque algo de experiencia previa siempre viene bien cuando se desea emprender por cuenta propia. Después de todo, existen detalles o trucos que muchas publicaciones obvian y que un principiante podría ignorar, condenando así lo que podría ser un intento exitoso al desastre. Pero, ¿Cuáles son los errores más comúnmente cometidos por enólogos aficionados?

  • No asegurarse de que todo el equipo se encuentre perfectamente limpio. El vino puede contaminarse fácilmente, y cualquier bacteria que logre acceder al mismo durante el proceso podría convertir nuestra anhelada bebida en un caldo de cultivo para infecciones. ¡Por lo tanto, todo debe estar impecable!
  • Embotellar o sellar el vino antes de fermentarlo. Aún si se desea crear un espumante, se debe permitir que la fermentación primaria ocurra en un ambiente no sellado, ya que dicho proceso tiende a consumir oxígeno y a crecer gracias a la adición de levadura. Usualmente, en lugar de embotellar, se cubre el contenedor con toallas o materiales delgados que evitan que entren animales o sucios al mismo tiempo que permiten al vino respirar.
  • No controlar bien las temperaturas. La levadura suele requerir temperaturas ni frías ni calientes para surtir efecto y llevar a cabo la fermentación. Se considera que ésta debe estar entre los 10 y los 18º C, aunque variaciones pequeñas hacia ambos extremos pueden funcionar. Sin embargo, intentar fermentar un vino en el jardín en invierno jamás funcionará.
  • Sobreprocesar la fruta. Si se utiliza un procesador de comidas para obtener el jugo o la pulpa, pueden quedar restos de piel triturados que serán difíciles de eliminar y pueden hacer que nuestro vino se torne amargo.
  • No clarificar bien el vino. Si bien el vino turbio natural es una exquisitez para algunos, muchos prefieren clarificarlo. Sin embargo, el vino mal clarificado puede resultar peor que el vino “natural”. Sea cual sea el proceso de clarificación, debe seguirse al pie de la letra.